Apagó su vela blanca, el humo que salió de la mecha consumida se penetraba en sus fosas nasales como de costumbre; bajó a la cocina sacó una zanahoria y se la comió sin lavarla, el sabor no importaba, insípido pero al menos los dientes se entretenian con algo sólido.
La calle estaba más vacía que en otras ocasiones, sólo vaganban espiritus mentales y ecos producto de la gran nada; a paso firme sobre la vereda, pisando el concreto.
Niebla, sórdida niebla que disfrazaba la casi silenciosa noche, ese silencio era imposible de creer en un sábado; se dirigió a un gran parque no muy lejos de su casa, área verde que hace poco fue culminada y que sin embargo casi nadie visitaba.
No había luna pero no hacía falta pues los faroles iluminaban como tal dando una atmósfera de tranquilidad, de sumo relajo . . .
Grillos, canto de grillos que acompañaban ese mudo momento; dónde estaría su coro?, el cantar de ellos era inubicable, distante y cercano como el comienzo del fín; pérdidos como un grano de polvo en el agua.
Los arbustos lucían muy negros; inertes porque no corría viento que los inquiete, los árboles grises con una pequeña falda de hojas secas a sus "pies"; lechuzas en sus cabezas con miradas serias similares a una estatua y acechadoras como las inexistentes gárgolas.
Dejó de respirar sin darse cuenta, quién sabe si por un instante o probablemente por mayor lapso; avanzaba observando todo, era la primera vez que acudía a aquel inmenso lugar.
Se sentó en una de las bancas y al frente suyo vió otra que yacía desocupada como las demás pero algo de ella llamaba la atención, algo que nunca se pudo explicar, sólo sentir al contemplarla.



7 comentarios:
Me recuerda una madrugrada, tan apacible y hermosa...llena de niebla, la luna brillaba a penas, se sentia una inmensa tranquilidad...que madrugada aquella, me gustó tu relato.
Un paseo con las sombras de los pecados que se llevan dentro del corazón, no hay remordimientos, solo la luna, y yo...
Fue buenísimo. Yo no tengo la capacidad de escribir algo de esta manera.
Es en la noche cuando vemos, no?
y esa imagen le añade puntos extra, me gustan las bancas solitarias.
Buena.
Saludos
qué raro, me hizo acordar cuando tenía 6 años y fue algo así porque tuve miedo, aquí no más en el parque de la muralla, no me gustan los parques, hoy no
Demasiado bueno.
Te seguire leyendo.
Un abrazo.
Qué belleza! cómo me gustan las noches así! donde sólo te encontrás vos y los espíritus nocturnos encerrados en la niebla!
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