Despertó 2 de la mañana, tan sólo descansó dos horas pero sentía que la cama ya se exásperaba de aguantar su peso encima; la cabeza le pesaba como una abominable roca sobre su cuello.
Se levantó sin remedio, miró por la ventana y la niebla seguía en el ambiente, eso le dibujó una hipócrita sonrisa; una sonrisa que para su terror no podía opacar, por el contrario, se iba acentuando y eso le dolía, como si le forzaran a hacer tal gesto estirándole los labios por medio de terribles alambres de cobre.
Por más castigo que se infringía . . . ese crudo gesto no cesaba de mentirle.
La verdad nunca tuve una idea realmente clara del por qué elegí algo como eso, no había una razón realmente convincente para seleccionarlo, tan sólo apareció en mi mente y no lo medité, al adentrarme en la debida preparación para poder ejercerlo fue cuando recién sentí que el interés se enterró en mi cerebro y me impulsó a ser constante en los estudios respectivos; en pocas palabras, mi precipitada elección fue un tremendo acierto inesperado, de esos que escasas veces ocurren en la vida y cuando lo hacen suelen ser parte de asuntos triviales o no muy relevantes, de esos que siempre terminamos olvidando y recordamos luego de forma involuntaria.
Luego de apasionantes y perturbadores desvelos, hedores, impactos visuales y todo lo que pueda englobar, me titulé como un médico especializado en la rama forense, con todo honor y demás emociones humanas del caso. Estuve preparado para brindar servicios en la Morgue Central de Lima después de unmagnifico tiempo como practicante y trabajé allí algunos años memorables, siempre que debía analizar un cadáver visitaban mi mente los indeseables recuerdos de repugnancia que sentía al ver un muerto abierto cuando me preparaba para esta cruda profesión; lo reconfortante era que aquellos sólo sobrevolaban en mi mente como recuerdos, como un pasado útil para el presente pero no en él; ahora ya poseía experienciade sobra en horrores mortuorios para querer vomitar en el trabajo.
Los cadáveres se sedimentaron en mí, amaba mi trabajo, eso era maravilloso; hacía las necropsias con suma frialdad y por qué no decir con elegancia, cortes necesaria e innecesariamente precisos a mirada absorta; sangre coagulada, el olor típico de la muerte me alimentaba. Fisiopatología por excelencia.
Me fascinaba abrir muertos y ver su interior, sus desagradables fluidos y órganos, hasta me atrevía a llevarme un sanguche a la boca en pleno proceso. Recuerdo que en mi etapa universitaria para perder de a pocos el comprensible asco solía echar abundante ketchup en los emparedados que acostumbraba consumir, sugestionándome con la idea enfermiza de que aquella salsa era en realidad sangre fresca, aquello con el tiempo me agradó y digo con la verdad que en esporádicas ocasiones usaba sangre de pollo en lugar de la muy popular salsa de tomate; no debía sentirme mal con tal practica si después de todo existen deliciosos platillos hechos con ese líquido vital como la famosa “carne a la inglesa” o la local “sangrecita”; en conclusión trato de insinuar que sería del todo inapropiado que me tilden de trastornado, al menos hasta esta parte del relato.
¿Nunca le han encontrado belleza a una dama muerta?, o mejor dicho a unos hermosos ojos sin vida?. Tz!, es inútil que me entiendan así trate de ser lo más específico del mundo, contaré lo siguiente aunque confieso que me es algo incómodo, y no por lo que puedan pesar de mí pues jamás me importó la opinión ajena sino por lo complicado que resultará su comprensión por más que con ahínco dé lujo de detalles, tengo la seguridad plena que no entenderán siquiera lo mínimo; de todas formas haré mi mejor esfuerzo que no será fructífero, lo digo de antemano:
Fue un día en el cual tuve que laborar hasta muy tarde, hasta el hartazgo (no de mi trabajo, sino de mi humanidad), no preciso hora porque no la recuerdo, sí, no tengo ni la menor noción de ella; estaba exhausto y me llegó un nuevo cuerpo, enfatizo esto de tal manera pues la atracción hacia ese cadáver fue inevitablemente distinta a mis demás experiencias.
Me encargaron hacerle unos análisis, iba a realizar aquel trabajo solo, al destaparlo era una mujer, como de 23 años, al apreciarla con claridad digo que tenía buen aspecto a pesar de encontrarse en una condición del todo indigna de halagos, la muerte me saludaba con su fantasmal sonrisa desde su rostro; presentaba fuertes marcas en el cuello, definitivamente murió estrangulada tal como me lo informaron, se supone que debía sacar muestras y comparar las marcas con las otras pruebas táctiles dejadas por el presunto asesino; pero quedé impresionado por sus ojos.
Obviamente dirán que soy un pobre enfermo por quedarme cautivado de un par de desorbitados ojos y de ser cualquier cosa les daría justa razón; pero tengo el soberano derecho de negar ello, eran unos ojos negros hermosos, pero no unas pupilas negras corrientes; tenían un brillo oscuro, una “chispa” única y completamente inexplicable. No me comprenden, lo sé, tampoco espero que lo hagan, sólo quiero aclarar que de haberlos visto ustedes, todos hubieran apoyado con locura mi perspectiva, se matarían unos a otros por obtenerlos, estoy convencido de eso ja ja; bueno, debo continuar . . .
Me estremecí tan sólo de pensar lo divinos que fueron esos ojos en vida, ubicados en aquella mujer, su hermosa dueña; las penetrantes miradas que clavaron en el espacio e individuos, todo ello estaba reducido por la muerte, pero no arrebatado. Definitivamente ojos como tales tenían que quedarse conmigo, sin importar las consecuencias para mi futuro,al diablo el trabajo, al diablo el significado correcto de mi profesión, al diablo la muerte y todo lo demás!; empecé a extraerlos con cuidado de que no se maltratasen.
Extirparlos fue tarea dura teniendo en cuenta lo obsesionado que estaba con esos ojos, fluidos sobresalían; me frustré al notar la pérdida de humor vítreo y lamentablemente también el acuoso, eso significaba un daño terrible, en especial a la cornea, mi ansiedad no me dejó hacer este nuevo trabajo con la serenidad del caso, mi pulso era del todo malo y eso casi me hizo llorar. Justo ahora se me presenta la mejor oportunidad de convencer al menos a uno de mi cordura:
Observé con amargura los dañados globos oculares entre mis manos, volví mi mirada hacia la mujer y quedé profundamente aterrado . . . sus ojos eran lo proveedores de su belleza aún estando muerta, lo afirmo porque sin ellos era completamente horrible!
Cras te victurum, cras dices (Postume) semper. Dic mihi, cras istud (Postume) quando venit? Quam longe cras istud, ubi est? Aut unde petendum? Numquid apud Parthos (Armeniosque) latet?
Iam cras istud habet Priami vel Nestoris annos. Cras istud quanti, dic mihi, possit emi? Cras vives? Hodie iam vivere (Postume) serum est: Ille sapit, quisquis, (Postume), vixit heri.
Es la letra de Priamus, el tema más lúgubre de Lacrimas Profundere, como ven está en latín, quisiera saber qué dice en español . . . Alguién sabe?
Cuchillo acariciando la mejilla con noble desprecio, una leve sonrisa que nadie reconoce refleja el implacable y vil sarcasmo de lo que muchos llaman tragedia.