marzo 20, 2009

Indescriptible

El año pasado durante una madrugada aburrida prendí el televisor y no recuerdo el canal donde me encontraba pero justo iba a empezar una película, de esas que no figuran en la lista de programación, se llamaba "Indescriptible" y si que lo era, se convirtió en una de mis favoritas.

Todo comenzó cuando un hombre manejaba por las carreteras y una mujer herida se acerca a su ventana, le suplica que se detenga y que la lleve a un hospital porque se sentía muy mal. El hombre le pregunta qué fue lo que ocurrió y la chica no responde, a los pocos segundos comenzó a quejarse de un terrible dolor de cabeza que terminó en la explosión de la misma.

Al pobre señor lo llevaron a la comisaría pues pensaban que de alguna manera fue el asesino, él contaba la verdad de los hechos hasta donde los conocía pero no le creyeron; como era de origen latinoamericano y para colmo indocumentado se le complicaron las cosas, al final terminaron llevándolo a la silla eléctrica.

Las investigaciones quedaron en nada, pero se encontraron "hilos" que unían ese caso con otras tres muertes extrañas, todas con la explosión craneana de las víctimas. En la frontera con México capturaron a un buscado psicópata (también de origen latinoamericano) que era considerado tan sobrenatural y peligroso que lo transportaban dentro de una gran jaula para perros de la que pudo salir ahorcando al despistado custodiador y rompiendo los barrotes con las manos.

A las pocas horas la policía logró atraparlo nuevamente pero el loco tenía una resistencia tan grande que ni aunque lo reventaban a palazos podían prenderle, luego de muchos esfuerzos alcanzaron calmarlo.

Durante la noche escapó de su celda inexplicablemente y le arrancó los ojos a uno de los celadores; tantos problemas causaba que se dictaminó una inmediata ejecución en la silla eléctrica en lo próximos tres días.

Como ese psicópata era un caso muy extraño una joven y hermosa especialista fue a verlo y quedó traumada tan sólo al escucharlo: "Esa maldita silla no me matará, usted lo hará señorita" Llegó el día y todo se preparó para la ejecución, el mismo jefe de justicia quiso presenciar su muerte, el loco sólo reía y reía, cuando se ordenó la ejecución, el criminal sonrió y los oficiales cogieron sus armas y se suicidaron, el jefe asustado se encargó de activar la silla y el demente murió sufriente.

Los espectadores de la ejecución seguían contemplando la escena paralizados detrás de la vitrina, el jefe se enloqueció y comenzó a estrellarse la cabeza contra la pared hasta que su frente estalló; en la necropsia se descubrió que una larva en el cerebro fue lo que lo alteró de esa manera.

Todo parecía terminado, pero el cadáver del psicópata se levantó y mató a todos los que se encontraban haciendo guardia y fue a la casa de la chica que había ido a verlo a prisión, ella asustada salió corriendo de su hogar hasta una abandonada fábrica (el ambiente de estas escenas era parecido al mundo de Freddy Krueger) en donde terminó arrinconada en una esquina por el demoniaco asesino que le habló con macabra dulzura, después de esto, se besaron.

El psicópata le dió un arma y le pidió a la chica que le dispare, que ese era el destino; ella lo hizo y así se cumplió lo que le fue dicho anteriormente:

"Esa maldita silla no me matará, usted lo hará señorita"

La película, una completa incoherencia, pero de todas formas me encantó . . . indescriptible!

Premio II

Gracias Danais y Muñeca de Porcelana

marzo 07, 2009

Armario inocencia

Con ánimo menguante descendió lentamente las escaleras que la conducían a una hondonada tanto mental como física, para ser más exáctos: Su sótano. Las gradas rechinaban a cada inseguro paso que daba Rita hacia sus propios miedos pasados, presentes e incluso los futuros. La desdichada escalera carcomida por numerosas polillas parecía no tener fin y no por su prolongación sino por la excesiva lentitud de quien bajaba por ellas.

No había que culparla de semejante y aparentemente ridícula paciencia, aquel lugar revivía una terrible remembranza; el oscuro ambiente se percibía miasmático debido a las ratas que reposaban en abundancia y que dentro de un tiempo se convertirían en un tétrico y pequeño osario que adornaría macabramente aquel recinto.

Al llegar a duras penas al último escalón y tocar el piso con su pie izquierdo significó para Rita un inevitable sáludo involuntario al sótano, enseguida una gama de imágenes chocaron estrepitosamente contra su cerebro, en especial una que se fijó en su interior y en sus ojos: El armario.

Tal objeto se ubicaba a 10 metros de ella, 10 metros que necesitaban ser miserablemente recorridos para llegar a él y revivir 10 años de un trauma que la marcó desde niña cuando a poco de ser navidad dedujo que allí se encontraría sus regalos y decidió verlos por su impaciencia a esperar la noche buena, con alegría aquella vez abrió el armario y sufrió una impresión sólo comprensible a cabalidad para quienes experimentaron algo parecido: La cabeza de Marta, su hermana de 4 años con los ojos mirando en sentidos opuestos, esa parte del cadáver llevaba dentro de ese mediano y recóndito mueble aproximadamente dos días; el asesino había resultado ser el padre, tal verdad aumentó el pesar de la situación.

Según las investigaciones el desalmado mintió a su familia diciendo que llevaría a Marta a la casa de los abuelos paternos. El cuerpo decapitado apareció entre unos matojos días después poco antes de que el responsable se suicidara; las razones por la cual deseó acabar con la vida de su hija y luego la suya son complicadas y explicarlas llevaría a un sinnúmero de detalles que nos alejarían del tema irremediablemente; terminemos esta pequeña desviación del relato diciendo que tanto Rita como su madre fueron sometidas a diversos tratamientos psiquiátricos durante años que ayudaron a algo más que poco, las terapias tuvieron menos resultados en la madre, tampoco pretendamos que la hija tuvo mejor suerte, terribles distorsiones en su comportamiento y su mente fueron les vestigios del aquella fatídica tarde.

Retomando, Rita siguió avanzando febrilmente hacia el maldito armario, en realidad deseaba huir de aquella casa la cual abandonó hace mucho tiempo y que nadie quiso comprar por su macabro historial, pero una fuerza interna la impulsaba a continuar, aquella temblorosa convicción no podía explicarse y mucho menos entenderse porque probablemente ni ella misma podría rendir cuentas sobre esa reacia motivación, sólo seguía ese antinatural instinto, señal de su vesania.

Ya se encontraba frente a frente con el viejo mueble, se mostró aprehensiva ante el temor que poco a poco se iba esfumando. Con actitud decidida abrió con las dos manos las puertas del armario que se desprendieron por su notable vetustez, en una milésima de segundo lo que vió le detuvo bruscamente el corazón:


Con un nuevo terror pudo apreciar cuatro bustos de muñecas uno pegado al otro, todas esas figuras tenían el cabello y las facciones idénticas a Marta, era como ella misma!, con miradas hacia diferentes direcciones pero con una expresión inocente y desorientada.