Por petición de mi tío Edú tenía que pasar un tiempo en casa de una prima lejana que vivía en una ciudad también lejana. Su nombre era Isis, era la primera vez que la vería en persona, la única imagen que tuve de ella y su familia eran fotos de un viejo álbum; la razón por la cual se me pidió visitarla fue la muerte de su padre por un infarto; se decía que Isis entraba en fases de una crónica depresión cuando perdía un familiar, eso se comprobó con el fallecimiento de su madre por un accidente automovilístico cinco años atrás, se mordió las muñecas hasta sangrar y quería seguir hiriendose hasta morir, pero afortunadamente falló. Según se me dijo, esa chica era muy extraña, aislada, fatalista entre otras cosas.
Cuando se me solicitó pasarla con ella, por mi cabeza pasaron preguntas como "¿Por qué yo?", aquella interrogante que fue la más inquietante se la formulé a mis cercanos y ellos respondieron que se encontraban atareados por el excesivo trabajo y otros asuntos en cambio yo disponía de mucho tiempo y ese debía aprovecharlo en ayudar a una persona que después de todo mantenía un lazo de parentesco conmigo. Razón no les faltaba, creo.
Efectivamente, un miércoles a las 11 p.m. me dirigí a su casa, ésta se ubicaba entre unas calles de pocos y distantes habitantes. Su hogar tenía un tamaño modesto y por alguna razón me hacía sentir extraño. Me recibió el tío Edú, me saludó apesadumbrado y me invitó a pasar ayudándome con mis maletas; al caminar por los estrechos pasillos de la entrada vi una puerta semiabierta, por curiosidad posé mi vista en el pequeño espacio que me permitía ver el interior, era una chica atractiva sentada en una vieja silla, era Isis, casi igual a como la veía en las fotos, se encontraba tejiendo algo parecido a una chalina; quise entrar a saludarla pero ella simplemente se me adelantó con la mano, el gesto fue tan tieso y frío que cualquier presente pudo haberlo interpretado como un "hola, no me molestes ahora por favor".
Seguí mi camino hasta el cuarto que sería mi dormitorio durante ese tiempo, lucía acogedor, había dos camas una a lado de otra con una distancia como de tres mestros una de otra, la que estaba al lado derecho daba para una gran ventana, la del lado izquiero tenía un gran espejo a su costado que descansaba sobre una pared con un suficiente grado de inclinación para no caerse. Según me decía el tío Edú, el padre de Isis hacía espejos en diversos diseños y muchos de ellos eran de apreciable originalidad, el diseño extremadamente corriente del que podía ver en aquel momento parecía refutar lo que estaba escuchando, no encontraba explicación a la idea de que entre tantos modelos el más vulgar perteneciera a la casa.
Iba a despedirse de mí, pidiéndome que sea paciente con ella que esté atento a conductas raras que pueda tener y que informe al respecto, también me dijo que la chica tomaría la cama derecha; resignado le dije que no se preocupara, que haría todo lo posible, él me sonrió confiado. Lo acompañé hasta la puerta principal, lo despedí y la cerré con suavidad. Me asomé al pequeño recinto donde estaba la chica en un principio, continuaba tejiendo como una abuela, se veía deprimida y hostil, de seguro no le gustaba la idea de que prácticamente un desconocido hasta durmiera con ella para vigilarla.
No se veía dispuesta a hablar con nadie, es así que la dejé en su actividad, me fui a la sala, saqué unos naipes de mi bolsillo y me puse a jugar solitario; más que concentrarme en mi juego, pensaba en cosas como el posible absurdo de la situación, se supone que yo debía estar atento a ella pero no me imaginaba mirándola todo el tiempo como si fuese una niña, y de así hacerlo, ¿por qué no la internaron en algún lugar con gente profesional?, quizás los comentarios sobre ella eran exagerados o se estaban tomando las cosas muy a la ligera; de ser capaz de repetir sus intenciones tras la muerte de su madre, tranquilamente podría matarse mientras yo dormía, traté de ser indiferente, lo hecho hecho estaba, ya me encontraba allí.
Al rato Isis pasó por mi lado sin dirigirme una sola palabra y se fue a lo que temporalmente era mi habitación también. Una hora después sentí mucho sueño y partí hacia el cuarto, por lo que pude ver contrario a lo que dijo mi tío, Isis estaba dormida en la cama izquierda que daba a la ventana, no me pareció algo de importancia así que sin quejarme tomé la derecha, la que tenía el enorme espejo común y corriente al lado. Me dispuse a dormir.
No recuerdo cuánto tiempo pasó pero sentí una sed atroz, al abrir los ojos miré al espejo y pude verme dormido en él, Isis estaba arrodillada encima mío con un pequeño puñal, segundos después me lo clavó en el pecho; aquella extraña visión hizo que de un arrebato le metiera un puñetazo al maldito espejo, la zona que recibió el golpe se partió.
Mis ojos se abrieron repentinamente, todo había sido un sueño incluyendo la sensación de sed, vi a Isis acostada en su cama gracias a la luz de la luna que penetraba la habitación por medio de la ventana, y el espejo obviamente estaba intacto. Cuando quise moverme en busca de una posición más cómoda para descansar, sentí un fuerte dolor en mi puño derecho, el mismo con el que di al espejo en la pesadilla, era un dolor picante como producido por cortes pero al tocar mi mano no percibí señales de heridas reales, eso no me tranquilizaba pero el cansancio atenuaba mi nerviosismo; miré al espejo y en él vi el rostro de Isis todo demacrado y con sangre, desvié espantado mi mirada hacia su lecho y noté que se encontraba vacío; solté un grito de terror.
Se abrieron nuevamente mis ojos . . . pero qué demonios? ¿un sueño dentro de otro es esto?, cuando tomé conciencia vi que el espejo tenía una gran parte quiñada por un puño; el dolor picante regresó a mi mano derecha, esta vez si estaba herida; percibí otro dolor más fuerte a la altura de mi pecho, lo toqué y sentí un líquido tibio, lógicamente era sangre. Lleno de un terror total me di cuenta que le ventana que daba a la cama de Isis estaba abierta; aún agonizando obtuve fuerzas para levantarme y dirigirme a ella, asomé mi cabeza y la vi: Estaba ensangrentada, muerta tendida sobre la vereda.
En mi primera noche en su casa había fallado: Mi hirió de muerte y se arrojó por esa ventana; ya no tenía ni una pisca de energia para apoyarme; muy pronto terminaría en el mismo lugar que ella.