septiembre 21, 2009

Oblivion




La noche caía en inusuales nubes negras que cubrieron el cielo con una autoridad indescriptible, sólo las sombras y todo viviente que anda como ellas pudieron notarlo pues sus ojos no son las ventanas de su alma, sino las ventanas de su espíritu, las ventanas de ellos mismos, las ventanas que ningún otro ser ha logrado abrir y cerrar y mucho menos ensuciar. Yo por fin las pude ver . . .


Me encontraba en un coglomerado de calles oscuras y vacías, era fascinante no encontrar a ningún otro humano en alguna parte, al menos que uno de ellos gustara dormir dentro de los botes de basura; mis pasos no eran lentos ni rápido, sólo como debían ser, acorde a la actual situación. Husmeaba cada callejón y la tranquilidad, la "no vida" era un hecho inminente, llevaba en manos el violín de Seth, me dispuse a toca la pieza que él me enseñó incontables veces, una no muy complicada que nunca dominé, algo me decía que en ese lapso todo sería distinto.


Aquel sonido melancólico de mi tocada iba perfectamente acompañado con el suave sonido de la lluvia, sonido que también lo percibía como melodía; no paré de caminar, seguí avanzando tocando aquel violín que lo era casi todo para mí durante esos minutos, preciosos minutos agridulces e impregnados de un agradable olor a humedad, una sensación, un saboreo escurridizo. La imperfección se manifestaba perfecta.


Poco más de cuatro minutos, la pieza había terminado, lleno de satisfacción proseguí mi avance sin rumbo en una recta de muchos faroles, todo se veía igual de abandonado, la armonía de la lluvia se hacía más intensa, dulcemente perturbadora. Empecé a sentir mucho frío, un frío que me hacía temblar, no podía sentirme mejor; me topé con una gran pared que por alguna extraña razón interpreté como el final de mi recorrido; me arrecosté sobre ese gran muro disfrutando de las gotas de agua cayendo sobre mi cabeza, no tenía a nadie con quien compartir estas extrañas emociones, aquella soledad comenzaba a mostrarme una pequeña espina que me hizo soltar involuntariamente el violín, hasta que recordé las últimas palabra de Idis antes de morir: "Cuando uno se pierde a si mismo recién se puede considerar un completo solitario". Sonreí, definitivamente jamás estaría solo, al menos no del todo. Gracias Seth, gracias Idis, gracias por todo.


Recogí muy reconfortado el violín y lo abracé, miré al negro cielo, estaba convencido de que esa noche sería perpetua.


La luna no era llena pero brillaba intensamente.



septiembre 11, 2009

Veritas Fatuus




La tarde se tornó más oscura, con mayor pesadumbre y una densidad de emociones grisáceas que impedían respirar fácilmente. Ya era tiempo de prender la primera vela, una que haría juego perfecto con el silencio que imperaba en la habitación donde me encontraba.

La belleza del pequeño reino de fuego en la mecha era abstracta desde todo punto de vista concebible, acerqué mi dedo anular con irrevenrencia hacia su flama y ésta seguía ansiosa el curso que daba a su diámetro, podía oler su frustración por sus fallidos intentos de morderme el dedo; aquello me producía una calma surreal, escuché el relajante Our Wing Are Burning con altos decibeles mentales, una sonrisa se me escapó pues era la primera vez que algo imaginario lucía (en este caso se oía) tan real a mis sentidos.


On the lips of a mutilated man
I carry the bones of a deformed child ♪

(En los labios de un hombre mutilado
Acarreo los huesos de un niño deforme)



La flama estaba furiosa, acercaba mi dedo y lo retiraba antes que presentara algún minúsculo daño que era lo peor que podría causarme su cautivador calor a esa siempre fria parte de mí.

Tanto era mi entretenimiento con lo descrito y esa hermosa canción dentro de mi cabeza que no noté la caída de la soberana noche cuyo poder era insignificante contra la majestuosa iluminación que la vela proporcionaba en su ira; yo era más que su insignificante fuego, esa comparación estúpida y vergonzosa no se mostraba como tal en ese momento. Bastaba con presionar el pulgar y el anular para que la flama muriera pero eso sólo arruinaría el encanto que estaba viviendo.

En ese instante sentí un no tan leve dolor en la yema de mi dedo verdugo, lo llevé a mi boca para calmarlo y posé mi vista completamente sobre la vela: Su fuego ahora era imponente, en su pequeñez resaltaba una grandeza que me inspiró un profundo respeto que duró pocos segundos; irritado soplé con odio y la majestad de su luz se extinguió dejando una pobre chispa agonizante . . . agonizante como aquella canción en mi mente.


Our wings are burning
To the wind's anthem

All is lost but hope ♪

(Nuestras alas se queman
Para el himno del viento
Todo se pierde menos la esperanza)


septiembre 09, 2009

Agonía




Casi todo el mundo afirma apreciar su vida por más dificultades que pueda tener y los que no, también conservan motivos para ello a pesar de que no le encuentren sentido alguno, cualquier razón importante o insignificante basta para darle irreverentemente la espalda a la muerte o decir "creo que deseo quedarme aquí un rato más"

Pienso que a pocos les asusta a la muerte, sólo creen hacerlo pero quizás no se dan cuenta que a quien le temen en realidad es a lo previo, a ese lapso que se debe pasar para encontrarse con ella: La agonía.

Exácto, diría que la gente le teme a la agonía por lo terrible que puede ser y no a la muerte en sí aunque ambas van de la mano en la mayoría de los casos, por eso cuando se le pregunta a alguien como le gustaría irse la respuesta nunca es evasiva sino que casi siempre es algo como "dormido, así no sabré que he muerto".

En pocas palabras la muerte no es odiada, a todos seduce pero poquísimos están dispuestos a unirsele porque morir es muy sencillo pero nunca fácil. Bella paradoja.

septiembre 04, 2009

Amissionis spes




El ambiente estaba tan cargado que podía ser seccionado con el mismo cuchillo de cocina con el que se había infringido castigo en más de una ocasión, no negaba que los cortes sobre sus muñecas y hombros pasaron de ser una manifestación sublime de su aflicción a un placer mórbido desde hace meses, ese águdo dolor al levantar los brazos y mover las muñecas luego de los cortes se convirtieron en una manía repudiable hasta para él mismo pero no por eso en algo evasivo. Ya no hacían falta explicaciones por medio de palabras ya que muy poco pueden decir comparado con adentrarse en una mente distinta.

¿Para qué sentido va todo? ¿Derecho? ¿Izquierdo? No!, aquella flecha se mantenía rígida, y ningún movimiento podría captar el más sensible de los ojos por minúsculo que sea. ¿Para qué desesperarse vanamente en detectar alguna posibilidad de que cese esa rigidez por siquiera unos desabridos segundos?; esa situación sólo significaba un pretexto más para persistir en insalubres acciones.

Fases terribles de irritabilidad sólo podían ser atenuadas con dolor ... más dolor, un nefasto círculo vicioso cuya salida no existía, al menos no cuando ya se había avanzado mucho dentro del laberinto oscuro de la muerte. Sólo le quedaba dar el último paso para tocar la puerta de ese supuesto escape utópicamente macabro, lo único que le quedaría esperar después es tiempo de sobra para seguir dando sutiles golpes a esa puerta fría, con inseguridad.

septiembre 01, 2009

Lajlia




Un jinete cadavérico
escupe los ojos de su fiel corcel
Sobre tu rostro tétrico
embarrado de roja miel

Enciende una maldita vela!
Mira fijamente su demente llama
Limpia la sangre con tu vestido violeta

Cabizbajo observará el verdugo a tus espaldas!